Cosas que se me pasan por la cabeza...

25. dic., 2020

Sea un relato corto o una novela de mil páginas, bien sea por su maldad, por que lo pida la trama o por su perdida de utilidad, en no pocas ocasiones hay que eliminar un personaje de la historia que estas tecleando. Qué hacer y como hacerlo es una de mayores complicaciones que se le presentan a cualquier escritor ya que, hacerlo de manera convincente y pausible es algo extremadamente difícil. Aquí os dejaré unos cuantos consejos sobre como hacerlo sin recurrir al clásico disparo en la cabeza.

-FOTOGRAFÍA. Cuando un personaje saca una fotografía y la enseña, mostrando sus hijos, su mujer o cualquier recuerdo bonito, esta firmando su sentencia de muerte. Ha implicado emocionalmente al lector y se ha ganado un hueco en su corazón. Su muerte servirá para mantener la tensión, para que el malo malísimo sea más odiado y para que el bueno superbueno pueda hacer con total justificación lo que le venga en gana. Casi nada. 

-CONVERSACIÓN PENDIENTE. Que dos personajes dejen pendiente una conversación importante sobre la trama permite, aunque de manera sútil, eliminar un personaje. Partiendo a un viaje, escondiendose de unos perseguidores o porque se marcha a la guerra, ese personaje puede morir o no, dejando las cuestiones a tratar en el aire y convirtiendo la resolución de las mismas en parte de la trama. Cómo se resuelva ese reencuentro luego es cosa tuya. Eso si, estás totalmente obligado a que lo haga.

-JUBILACIÓN. Parece que los escritores odian que alguien cobre una pensión y tenga un retiro dorado. Basta que un policía se retire en su último día, que regrese a casa con su familia o que vaya a dar la vuelta al mundo en barco. Su suerte esta más que firmada.

-SACRIFICIO. Todo personaje con tintes heróicos tiene su posibilidad de desaparecer haciendo un sacrificio por la humanidad. Implicarás al lector y darás carta blanca al resto de protagonistas. Ha de ser un personaje principal y tener ciertos tintes filantrópicos para que sea creíble. El mártir por amor también es pausible aunque mucho menos común. Cuidado como tratas el asunto.

 Escribir personajes creíbles, realistas y evolutivos es una de las tareas más difíciles que existen. Y provocar su desaparición es algo doloroso para cualquier escritor pero, al fin y al cabo, si contigo vieron la luz, contigo deben hundirse en las sombras. Y hacerlo de manera interesante y atrayente es parte fundamental de tu misión. ¡Buena suerte, compañero!

10. dic., 2020

Todo aquel que empieza a hacer sus pinitos en el mundo del libro sueña con verse en algún momento a si mismo ganando un gran premio literario. Encima de un estrado enmoquetado, con una multitud enloquecida que vitorea semejante despliegue de calidad literaria, recogemos un descomunal talón de cartón piedra ante el asombro del mundo del libro, que ve renacer en ti sus esperanzas de regeneración. Y entonces te sientes mojado...y te levantas de la cama desorientado mientras tu perra intenta en vano seguir lamiendo tu cara. Fin.

 Aunque cualquiera puede participar en un concurso literario, ganar ya es harina de otro costal. En esta entrada os daré algunos consejos para poder, al menos, tener posibilidades. Hay van:

-Disfrutar. Primera norma fundamental y sin la cual no tiene sentido que sigas sumando letras. Si escribir no te apasiona, tus escritos pueden llegar a ser correctos pero grises. Cuando disfrutamos de la escritura, nuestra literatura se impregna de ese aroma.

-Leer y corregir. Esta secuencia es la parte más dura e ingrata del oficio. Y normalmente, a mayor repetición de la misma, mayor aumento de la calidad del escrito. Pico y pala. No hay otra.

-Escoge bien. Aunque pausible, la posibilidad real que ganes un concurso literario de una cuantía alta es ínfima. En los de mayor prestigio concursan autores de renombre y con una amplia experiencia. Busca los de menor cuantía, que sean cerca de tu localidad y que se adapten a tu estilo. Empieza por abajo con calma.

-El jurado. Aunque en la mayoría no se conoce el nombre de sus miembros, puedes fijarte y leer los relatos ganadores de años anteriores. Verás tendencias de temas, de estilo, de niveles de complejidad,... La información es poder.

-Persistencia. Se obstinado, no cejes en tu empeño a la primera contrariedad. Si no ganas al principio, insiste. Relee los relatos eliminados y reescribelos. Muchas veces de un relato perdedor puede llegar a salir una verdadera obra de arte. Hay miles de concursos y son anuales. Ten fe.

-Se diferente. Todas las grandes historias ya han sido contadas. Lo interesante es reescribirlas de manera novedosa. Dale la vuelta al argumento, retuerce los personajes, cambia la ambientación,...lo que sea por ser innovador. Llama la atención.

-Corrección ortotipográfica. Si quieres tener posibilidades, tu relato debe estar perfecto. Corregido, bien paginado, con márgenes adecuados y sin borrones. Una buena presentación da idea de que el interior también va a estar cuidado por lo que el cribador te pasará al grupo de los leídos. Se paciente e invierte en aumentar tu calidad. No te dejes presionar por plazos.

 Por último, quiero animarte. Yo empecé como tú estás ahora y aunque tampoco es que haya llegado excesivamente lejos, ya tengo en mi haber más de una decena de premios, accesits, menciones y relatos publicados en diversas antologías, además de una novela ya en el mercado y de otra que viene en camino. Y todo eso, con mi esfuerzo y autodedicación, sin padrinos ni amigos en el jurado. Si quieres, puedes.

30. nov., 2020

Ser original en cualquier faceta de la vida es algo complicado. Cuando al escribir caemos con frecuencia en ideas manidas e imágenes muy usadas corremos el riesgo de perdernos entre las brumas del aburrimiento, enfangando nuestra trayectoria y convirtiendo el disfrute de escribir en un suplicio.

Tanto en narrativa como en teatro o en guiones para películas, hay varios espacios donde podemos encontrarnos con este problema con asiduidad. 

Personajes

Hay que analizar principalmente dos modelos:

-Modelos básicos. A partir de ellos se construyen personajes más profundos, cuyo legado e historia rompe la barrera del tiempo y la interculturalidad. Alatriste, Aragon (El señor de los anillos), El Cid,....son ejemplos clásicos de este tipo de personajes.

-Modelos estereotipados. Son planos y llenos de tópicos. No evolucionan y su presencia en nuestras tramas suele ser testimonial.

Metáforas

Usadas para describir y ambientar, las metáforas son "la aplicación de un concepto o de una expresión sobre una idea o un objeto al cual no describe de manera directa, con la intención de sugerir una comparación con otro elemento y facilitar su comprensión".

No es algo fácil ya que hemos de intentar al mismo tiempo ser originales y sencillos para que la imagen que se forma en la cabeza del lector sea la buscada. Es muy típico repetir imágenes muy trilladas. (Una rubia cabellera como el fuego o buceando en sus azules ojos).

Ya sabéis que la principal regla a la hora de escribir es “muestra, no cuentes”.

Tramas

Es tal vez el punto más peliagudo a la hora de evitar los clichés, porque no es nada fácil saber cuándo estamos siendo originales. Aquí habrá que tirar un poco de autocrítica e intuición, pero es mejor huir de ellos. No se trata de tener que rizar el rizo siempre, pero sí evitar las tramas tópicas porque serán previsibles para el lector.

Cuándo  podemos recurrir a los estereotipos

1. Primer borrador: cuando escribimos el primer borrador de nuestro texto, lo mejor que podemos hacer es no obsesionarnos con los clichés, al menos en las metáforas. En las tramas y en los personajes, en cambio, deberíamos haberlos evitado ya en la fase de planificación del texto.

2. Diálogo: no siempre, claro está, pero a veces podemos dejar que se nos cuele un cliché en los diálogos. La gente habla así, recurre a refranes y expresiones conocidas; no todos los personajes pueden ser tan ocurrentes. De vez en cuando, podemos emplear clichés para los diálogos de un personaje para hacerlo más simple, más común.

3. Comedia y parodia: un género en el que funcionan bien es en el humorístico. Pero también aquí es fácil caer en los tópicos y no hacer gracia. Cuando recurrimos a los estereotipos como chiste ha de ser para darles otra vuelta de tuerca, para tomarlos como base y añadirles elementos nuevos que los hagan originales y divertidos. Nada fácil, lo sé. Pero si no hay reto, ¿dónde está la gracia?

4. Trama: al igual que en el punto anterior, podemos recurrir a los clichés siempre y cuando partamos de ellos para luego darles un giro sorprendente. Se trata de aprovechar el hecho de que el lector cree que sabe lo que va a ocurrir porque lo ha visto antes y, cuando menos se lo espera, se rompe el tópico y pasa otra cosa.

30. nov., 2020
17. nov., 2020

Todo buen lector ha experimentado alguna vez esa sensación de vértigo y velocidad al leer una increíble escena de acción. Bien redactadas, estas escenas son las que pueden convertir en inmortal una novela del montón y es que, detrás de su correcta ejecución, se esconde uno de los principales motores de un buen escritor, el ritmo narrativo.

 Cada autor tiene el suyo propio. Cuando nuestras frases son largas, con abundantes detalles, adjetivos, puntos y seguidos, nuestra narración es lenta. Estamos deteniendo la acción para entrar en detalles de la trama y crear un pequeño "descanso". En cambio, si usamos frases cortas, directas, con exclamaciones, onomatopeyas, insultos y poca o ninguna descripción, nuestro ritmo será rápido y trepidante.

 El equilibrio entre ambas formas de narrar es, para muchos, uno de los pilares fundamentales de todo buen escritor. En el mundo del celuloide, estos ejemplos son mucho más visuales donde las escenas de acción no duran más de un par de segundos.

 No obstante, el equilibrio entre ambas formas de narrar es lo que dará a tu novela con total probabilidad mucho más interés. Si abusas del ritmo alto, el lector no diferenciará las escenas imprescindibles de la trama de las menos importantes. En cambio, si describes todo en exceso tu peligro puede ser que el lector se muera de pena y de aburrimiento. Y te abandone.

 Así que ya sabéis, amigos. Buscad el equilibrio en vuestro ritmo narrativo para que vuestros escritos "enganchen" al lector. Y, lo más importante, para que no los suelten.