Cosas que se me pasan por la cabeza...

9. nov., 2019

Que Ernest Hemingway fue un adelantado a su tiempo es algo que no descubriremos hoy. Considerado uno de los padres de la evolución de la novela actual, su particular estilo y forma de escribir planteo nuevos caminos a futuros escritores. Y todo ello se resume, entre otras características, en una simple pero efectiva teoría del iceberg.

 Gran parte de las historias del genial escritor parecían, a primera vista, nímias y superfluas. Este conseguía, al igual que los icebergs, mostrar sólo una pequeña parte de sus historias (lo que flota) dejando a la interpretación y a la lectura gran parte de sus historias (lo que está sumergido). Para ello, debemos conocer y dominar todos los puntos de la historia de nuestros relatos, se lleguen a plasmar en palabras o no. 

Si queremos hablar de la muerte, por ejemplo, nos podríamos centrar en el viaje de regreso a su hogar que realiza un hombre para enterrar a su padre, recientemente fallecido, y con él que no tenía buena relación. A traves de esa pelea interna que sufre el protagonista y de la evaluación de sentimientos encontrados, el tema de la muerte será tratado y evaluado sin que llegue, probablemente, ni tan siquiera a ser nombrado.

Uno de sus biógrafos, Carlos Baker, dice que el escritor aprendió “cómo sacar el máximo provecho de lo menor, cómo podar el lenguaje y evitar movimiento residual, cómo multiplicar la intensidad y la forma de decirle nada más que la verdad de una manera que permite para contar más de la verdad”.

Hemingway, un genio que nos descubrió que, en muchas ocasiones, menos es más. 

27. oct., 2019

Agatha Christie

Agatha Mary Clarissa Miller ,(Torquay, 1890- Wallingford 1976), más conocida como Agatha Christie, fue una escritora británica especializada en el género negro y policial. Una de las autoras más reconocidas a nivel internacional, publicó 66 novelas policiales, seis novelas rosas y 14 historias cortas bajo el seudónimo Mary Westmacott. Incluso se llegó a atrever con el teatro con obras como La ratonera y Testigo de cargo. Una de las grandes plumas de la literatura universal y del género negro en particular.


Diez negritos

Ocho personas —el juez Lawrence Wargrave, la institutriz Vera Claythorne, el aventurero Philip Lombard, el general retirado John MacArthur, la solterona Emily Brent, el play boy Anthony Marston, el doctor Edward Armstrong y el detective privado y expolicía William Blove— reciben una invitación para pasar unas vacaciones en la Isla del Negro (inspirada en la isla Burgh). Esta isla se encuentra en la costa inglesa, en la región de Devon. La invitación es sumamente atractiva, ya que se trata de una pequeña isla en la que solo existe una hermosa y gran mansión que fue construida por un millonario norteamericano, quien luego la vendió y nadie sabe hoy quién es el nuevo dueño. A cada uno de los invitados les llega la invitación por carta, firmada por una persona que dice haberlos conocido en el pasado en una situación que para todos es familiar aunque no recuerdan bien a la persona en cuestión. Sin embargo, todos aceptan gustosos la invitación, ya que la persona que los invita describe detalladamente el lugar y las circunstancias en que los conoció. También porque en la nota aparece como una persona muy afectuosa y amable, y además, por lo irresistible que resulta el pasar unas vacaciones en una mansión tan lujosa situada en un lugar tan hermoso.

Esta novela es, para muchos, uno de los santos griales del género. Con personajes profundos y con múltiples caras, Christie va tejiendo una madeja tan difícil de desentrañar que luego sorprende por su simpleza. Una obra de arte.

 

19. oct., 2019

Llevo días pensando si debo escribir o no sobre esto. Mi madre a buen seguro me diría que no, al igual que mi padre. Se que me van a llover hostias de las dos orillas y creo que, después de terminar de publicar estas líneas, mi número de amigos y seguidores en redes sociales caerá en picado. Lo cual, por cierto, me importa un auténtico pimiento. Así que vamos, al melón.

 En esta ola a la que llevamos subidos desde hace ya unos años, no hay inocentes de ningún pelaje. Los radicales extremistas separatistas y la Españistán ultra derechista son, en mi opinión, cartas de la misma baraja, aunque no los únicos responsables. Por un lado, el poble catalá, que se ha creído una historia con infumables faltas de rigor y veracidad, sobre la nación catalana y su sostenida opresión por parte de los “malvados” españoles. Gente que se dice oprimida pero que no permite que la gente vaya a trabajar o decida no seguirles en sus ideas, puesto que pasan a convertirse automáticamente en traidores, motivo por el que han de ser arrinconados, estigmatizados y marcados como el ganado. Por el otro bando, (porque no lo duden, se están formando bandos como en cualquier guerra), un grupo de fascistas trasnochados, añorantes (permitidme el “palabro” que bien rima con ignorantes), que no toleran a nadie que piense distinto a su manera de sentir la patria o la bandera. Gente que defiende sus derechos pero no los de los que llegan en un patera o de los que aman distinto a lo establecido. Gente que cree en las categorías de 1ª, 2ª y 2ªB, si se me permite la analogía futbolera. Y lo cierto es que, tanto unos como otros caen en el mismo error: intolerancia, falta de cultura histórica y tener una sensibilidad emocional equivalente a la de los pepinos de mar (con todo el respeto del mundo a esas bellas criaturas). Si a esto le añadimos un sistema político y judicial corrupto, una prensa amarillista y con poco sentido de estado y unos agentes sociales que apagan fuegos con la garrafa de gasolina en la mano, el panorama pasa con presteza de la comedia al drama. Bélico.

En mitad de todo este increíble tinglado, (tan típicamente español, por cierto), un amplio grupo de personas que viven todo este asunto cómodamente desde sus casas como si asistiesen al estreno por televisión de un nuevo capitulo de Juego de Tronos, que alternan con fútbol y expulsiones de Gran Hermano. Ni están ni, desde luego, se les espera. Productos exitosos patrocinados por la LOGSE, LCE o la LOMCE, con calidad española certificada. 

Por último están, en un rincón casi olvidado, un reducido grupo que asiste impotente a este cruenta guerra entre idiotas sin poder o querer hacer nada para no implicarse, para no “mojarse”.Porque sí, tanto los separatistas más radicales y violentos como los fascistas trasnochados no son más que idiotas analfabetos históricamente hablando, que se creen en posesión de la verdad suprema y absoluta (la suya, por supuesto) y que en su idiotez están dispuestos a arrastrarnos por enésima vez a unas trincheras que son tan reconocibles como temibles para nuestro país. Pero esto no es tan solo culpa suya. Ese 70% que no hacemos nada, que no nos manifestamos en contra de esas minorías y que tan solo queremos vivir en paz con los demás, somos tan culpables como ellos de haber llegado a esto. Por dejadez. Por desidia. Por inhibición. Por miedo. Que cada cúal lo defina o excuse como quiera. 

 Ahí va mi triste predicción (en la que espero, por cierto, errar con todo mi corazón): de que llegue el primer muerto de uno u otro bando hasta que haya un atentado a modo de respuesta, y luego se envíe al ejército y después empecemos a matarnos, no queda tanto. Quizás 4 o 5 capítulos más. Mientras tanto, hagan palomitas, siéntense a disfrutar y a jalear a sus contrincantes preferidos. Puede que cuando el odio llegue a su casa y pegue a su puerta, ya no les haga tanta gracia. O puede que sí, quién sabe.

13. oct., 2019

Estás sentado delante de tu ordenador, con tu música preferida de fondo. Tienes un buen PC, una buena idea, has hecho varios cursos de escritura creativa y te has comprado lo último en software para corregir textos y hacer una buena edición editorial pero, ¿es esto suficiente para llegar a escribir bien?

Conseguir llevar a cabo una escritura de calidad y nivel es siempre una de las obsesiones que atormentan a cualquier escritor. Dejando al margen la cuestión de gustos por un determinado estilo literario, conseguir escritos de una buena calidad debería ser el principio por el que se guiase cualquier escritor, desde el más amateur que escribe su primera novela al consagrado que encadena best-sellers uno detrás de otro. He aquí una serie de pautas, conductas y consejos que te ayudarán en este cometido:

-Olvídate de ser el mejor. En el fondo de su pluma, cualquier escritor se obsesiona en mayor o menor medida por ser el escritor más reconocido en su género. Esta presión mental limita al máximo tu creatividad y te consume la mayor parte de tus energias. Conformate con escribir bien.

-Tú eres el responsable de lo escribes. No debemos dar a nadie el poder de influir en nuestra escritura. Tus tramas, tus giros y tus personajes son tuyos y no de tu amigo, tu editor o tu corrector. No cambies tus escritos, al menos en la esencia, porque a otro no le guste. Si no le gusta, que escriba él mismo su propia novela. Uno debe estar dispuesto a admitir determinados cambios en la historia pero no en la esencia. No te vendas.

-No te autodestruyas. Este consejo va orientado a aquella gente que se cree peor escritor que nadie. Al igual que el primer consejo, los extremos no son válidos. Ni eres el mejor ni eres el peor. Sólo eres tú. Encontrarás gente a la que le encantes y otros que te odien. Disfruta de ambos lados de moneda. No te martirices ante la crítica negativa.

-Renuncia al miedo a exponerte. Como ya dejamos reflejado en esta entrada del blog, http://franciscomerchan.blogspot.com.es/2015/09/dramas-de-escritor-el-miedo-ser-leido.html , exponerse a los lectores puede llegar a ser aterrador. Siempre habrá buenas y malas críticas. Lee con calma las malas para aprender y no te hinches el ego con las buenas. No hay nada más placentero como la crítica positiva de un lector que te confirma haber pasado un buen rato con tu libro.

-Abandona el pasado y las excusas. Estar siempre pensando en porqué no empezastes antes con una novela, el porqué tardaste tanto en acabar aquel texto o cosas por el estilo no te harán ningún bien. Deja atrás los probelmas y empieza a pensar en positivo. No te puedes tirar media vida lamentándote. 

 Escribir es un proceso complejo y que requiere, además de cierto talento, muchas dosis de pasión, esfuerzo y trabajo. Si no conseguimos disfrutar con ello, puede llegar a convertirse en una auténtica tortura. Suelta amarras, arroja el lastre por la borda y empieza a disfrutar de la pasión de escribir, seas un aprendiz de juntaletras o el mismísimo Jhon Grishman. ¡A disfrutar!

1. oct., 2019

El público infantil es, casi con total seguridad, el más difícil de contentar. En este post os contaré una serie de trucos para crear un buen cuento infantil, que sea original y que guste a los más pequeños. Ahí van: 

-Ideas especiales. Busca dos palabras o conceptos que no tengan nada que ver entre si y asócialos. Pongamos un ejemplo: Cohete y Tomates. Aunque no tengan nada en común, nuestro cuento podría girar acerca de un cohete que usa tomates en vez de combustible. ¿A que se te ocurren mil ideas para darle forma?

-Conversiones. Es otra forma de ver el punto anterior. Imagina, por ejemplo, un niño que, por la noche se transforma en un coche de juguete. O un perro que se convierte en un humano y lucha contra el crimen. Cuanto más rara sea la idea, más interesante será.

-Nuevos "palabros". A partir de cualquier palabra con un prefijo se puede crear un objeto de propiedades sorprendentes. ¿qué es un “hiperpepino”? ¿y una “multilechuga”, o una “descolador”? Tratando de buscar sentido a un objeto modificado por un prefijo que aporta su significado propio, la mente otorga características impensables y divertidas al objeto. Algunos prefijos que se pueden utilizar son "tri", "co”, “hiper”, “multi”, "dis", "semi", "super", "micro", "mini", "maxi", ... las opciones son "multinfinitas".

-Extraña tecnología. Al público infantil le encantan las maquinas capaces de hacer tareas extraordinarias. Maquinas que, por ejemplo te hagan los deberes o que te ayude con la ducha. Los niños se olvidan de como se escribe o como se pinta y ninguno sabe como lavarse ya. Imaginación al poder.

-Historias clásicas 2.0. La idea de revisar historias habituales y cambiar completamente el final, actualizarla a hoy día o cambiar el fondo de la historia es algo muy habitual. El principal problema es que estás cogiendo algo que ha perdurado en el tiempo por su calidad y lo estás cambiando. Asegúrate de que funcione bien.

-Primero los personajes. Aprovecha la imaginación de tus hijos. Pídeles que definan un personaje físicamente, su actitud, la vestimenta,...Una vez perfilado te será más fácil crear una historia en la que encaje. 

Construir una historia para los más pequeños es algo tremendamente difícil aunque, al mismo tiempo, muy gratificante. Así que...¡A por el "turbipepino"!