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4. jun., 2018

Ser original en cualquier faceta de la vida es algo complicado. Cuando al escribir caemos con frecuencia en ideas manidas e imágenes muy usadas corremos el riesgo de perdernos entre las brumas del aburrimiento, enfangando nuestra trayectoria y convirtiendo el disfrute de escribir en un suplicio.

Tanto en narrativa como en teatro o en guiones para películas, hay varios espacios donde podemos encontrarnos con este problema con asiduidad. 

Personajes

Hay que analizar principalmente dos modelos:

-Modelos básicos. A partir de ellos se construyen personajes más profundos, cuyo legado e historia rompe la barrera del tiempo y la interculturalidad. Alatriste, Aragon, El Cid,....son ejemplos clásicos de este tipo de personajes.

-Modelos estereotipados. Son planos y llenos de tópicos. No evolucionan y su presencia en nuestras tramas suele ser testimonial.

Metáforas

Usadas para describir y ambientar, las metáforas son "la aplicación de un concepto o de una expresión sobre una idea o un objeto al cual no describe de manera directa, con la intención de sugerir una comparación con otro elemento y facilitar su comprensión".

No es algo fácil ya que hemos de intentar al mismo tiempo ser originales y sencillos para que la imagen que se forma en la cabeza del lector sea la buscada. Es muy típico repetir imágenes muy trilladas. (Una rubia cabellera como el fuego o buceando en sus azules ojos).

Ya sabéis que la principal regla a la hora de escribir es “muestra, no cuentes”.

Tramas

Es tal vez el punto más peliagudo a la hora de evitar los clichés, porque no es nada fácil saber cuándo estamos siendo originales. Aquí habrá que tirar un poco de autocrítica e intuición, pero es mejor huir de ellos. No se trata de tener que rizar el rizo siempre, pero sí evitar las tramas tópicas porque serán previsibles para el lector.

Cuándo podemos recurrir a los estereotipos

1. Primer borrador: cuando escribimos el primer borrador de nuestro texto, lo mejor que podemos hacer es no obsesionarnos con los clichés, al menos en las metáforas. En las tramas y en los personajes, en cambio, deberíamos haberlos evitado ya en la fase de planificación del texto.

2. Diálogo: no siempre, claro está, pero a veces podemos dejar que se nos cuele un cliché en los diálogos. La gente habla así, recurre a refranes y expresiones conocidas; no todos los personajes pueden ser tan ocurrentes. De vez en cuando, podemos emplear clichés para los diálogos de un personaje para hacerlo más simple, más común.

3. Comedia y parodia: un género en el que funcionan bien es en el humorístico. Pero también aquí es fácil caer en los tópicos y no hacer gracia. Cuando recurrimos a los estereotipos como chiste ha de ser para darles otra vuelta de tuerca, para tomarlos como base y añadirles elementos nuevos que los hagan originales y divertidos. Nada fácil, lo sé. Pero si no hay reto, ¿dónde está la gracia?

4. Trama: al igual que en el punto anterior, podemos recurrir a los clichés siempre y cuando partamos de ellos para luego darles un giro sorprendente. Se trata de aprovechar el hecho de que el lector cree que sabe lo que va a ocurrir porque lo ha visto antes y, cuando menos se lo espera, se rompe el tópico y pasa otra cosa.

14. ene., 2018

Sea un relato corto o una novela de mil páginas, bien sea por su maldad, por que lo pida la trama o por su perdida de utilidad, en no pocas ocasiones hay que eliminar un personaje de la historia que estas tecleando. Qué hacer y como hacerlo es una de mayores complicaciones que se le presentan a cualquier escritor ya que, hacerlo de manera convincente y pausible es algo extremadamente difícil. Aquí os dejaré unos cuantos consejos sobre como hacerlo sin recurrir al clásico disparo en la cabeza.

-FOTOGRAFÍA. Cuando un personaje saca una fotografía y la enseña, mostrando sus hijos, su mujer o cualquier recuerdo bonito, esta firmando su sentencia de muerte. Ha implicado emocionalmente al lector y se ha ganado un hueco en su corazón. Su muerte servirá para mantener la tensión, para que el malo malísimo sea más odiado y para que el bueno superbueno pueda hacer con total justificación lo que le venga en gana. Casi nada. 

-CONVERSACIÓN PENDIENTE. Que dos personajes dejen pendiente una conversación importante sobre la trama permite, aunque de manera sútil, eliminar un personaje. Partiendo a un viaje, escondiendose de unos perseguidores o porque se marcha a la guerra, ese personaje puede morir o no, dejando las cuestiones a tratar en el aire y convirtiendo la resolución de las mismas en parte de la trama. Cómo se resuelva ese reencuentro luego es cosa tuya. Eso si, estás totalmente obligado a que lo haga.

-JUBILACIÓN. Parece que los escritores odian que alguien cobre una pensión y tenga un retiro dorado. Basta que un policía se retire en su último día, que regrese a casa con su familia o que vaya a dar la vuelta al mundo en barco. Su suerte esta más que firmada.

-SACRIFICIO. Todo personaje con tintes heróicos tiene su posibilidad de desaparecer haciendo un sacrificio por la humanidad. Implicarás al lector y darás carta blanca al resto de protagonistas. Ha de ser un personaje principal y tener ciertos tintes filantrópicos para que sea creíble. El mártir por amor también es pausible aunque mucho menos común. Cuidado como tratas el asunto.

 Escribir personajes creíbles, realistas y evolutivos es una de las tareas más difíciles que existen. Y provocar su desaparición es algo doloroso para cualquier escritor pero, al fin y al cabo, si contigo vieron la luz, contigo deben hundirse en las sombras. Y hacerlo de manera interesante y atrayente es parte fundamental de tu misión. ¡Buena suerte, compañero!

 

 

5. nov., 2017

Todo buen lector ha experimentado alguna vez esa sensación de vértigo y velocidad al leer una increíble escena de acción. Bien redactadas, estas escenas son las que pueden convertir en inmortal una novela del montón y es que, detrás de su correcta ejecución, se esconde uno de los principales motores de un buen escritor, el ritmo narrativo.

 Cada autor tiene el suyo propio. Cuando nuestras frases son largas, con abundantes detalles, adjetivos, puntos y seguidos, nuestra narración es lenta. Estamos deteniendo la acción para entrar en detalles de la trama y crear un pequeño "descanso". En cambio, si usamos frases cortas, directas, con exclamaciones, onomatopeyas, insultos y poca o ninguna descripción, nuestro ritmo será rápido y trepidante.

 El equilibrio entre ambas formas de narrar es, para muchos, uno de los pilares fundamentales de todo buen escritor. En el mundo del celuloide, estos ejemplos son mucho más visuales donde las escenas de acción no duran más de un par de segundos.

 No obstante, el equilibrio entre ambas formas de narrar es lo que dará a tu novela con total probabilidad mucho más interés. Si abusas del ritmo alto, el lector no diferenciará las escenas imprescindibles de la trama de las menos importantes. En cambio, si describes todo en exceso tu peligro puede ser que el lector se muera de pena y de aburrimiento. Y te abandone.

 Así que ya sabéis, amigos. Buscad el equilibrio en vuestro ritmo narrativo para que vuestros escritos "enganchen" al lector. Y, lo más importante, para que no los suelten.

9. abr., 2017

Agatha Christie

Agatha Mary Clarissa Miller ,(Torquay, 1890- Wallingford 1976), más conocida como Agatha Christie, fue una escritora británica especializada en el género negro y policial. Una de las autoras más reconocidas a nivel internacional, publicó 66 novelas policiales, seis novelas rosas y 14 historias cortas bajo el seudónimo Mary Westmacott. Incluso se llegó a atrever con el teatro con obras como La ratonera y Testigo de cargo. Una de las grandes plumas de la literatura universal y del género negro en particular.


Diez negritos

Ocho personas —el juez Lawrence Wargrave, la institutriz Vera Claythorne, el aventurero Philip Lombard, el general retirado John MacArthur, la solterona Emily Brent, el play boy Anthony Marston, el doctor Edward Armstrong y el detective privado y expolicía William Blove— reciben una invitación para pasar unas vacaciones en la Isla del Negro (inspirada en la isla Burgh). Esta isla se encuentra en la costa inglesa, en la región de Devon. La invitación es sumamente atractiva, ya que se trata de una pequeña isla en la que solo existe una hermosa y gran mansión que fue construida por un millonario norteamericano, quien luego la vendió y nadie sabe hoy quién es el nuevo dueño. A cada uno de los invitados les llega la invitación por carta, firmada por una persona que dice haberlos conocido en el pasado en una situación que para todos es familiar aunque no recuerdan bien a la persona en cuestión. Sin embargo, todos aceptan gustosos la invitación, ya que la persona que los invita describe detalladamente el lugar y las circunstancias en que los conoció. También porque en la nota aparece como una persona muy afectuosa y amable, y además, por lo irresistible que resulta el pasar unas vacaciones en una mansión tan lujosa situada en un lugar tan hermoso.

Esta novela es, para muchos, uno de los santos griales del género. Con personajes profundos y con múltiples caras, Christie va tejiendo una madeja tan difícil de desentrañar que luego sorprende por su simpleza. Una obra de arte.

2. nov., 2016

Supongamos que ya has terminado. Has acabado de escribir hace un par de meses y, después de leerla, tu pequeña obra de arte esta lista para salir a luchar por una editorial. ¿O no? Aunque a todos los autores nos duela, nuestra pequeña novela tiene fallos. Y muchos. Al margen de los errores ortográficos (que se presume ya has corregido con más o menos acierto) hay muchas cosas que pulir: errores morfosintácticos, de estructura, de puntuación, tipográficos,.... .En definitiva, todavía queda mucho trabajo y quizás nosotros, los autores, no somos los más indicados para llevarlo a cabo. Existen multitud de empresas que se dedican a este "sucio" y desagradable oficio. Gente "sin alma ni corazón" que agarra lo que tu más quieres y lo destroza sin miramientos, realizando un trabajo imprescindible para que tu pequeña criatura tenga alguna posiblidad de éxito. Son tan importantes cómo el trabajo de un editor o el del propio escritor.

 Bromas aparte, el trabajo de los correctores ortógraficos es vital para el devenir de una obra. Sus presupuestos varían según el prestigio del corrector, la cantidad de trabajos a realizar, el número de páginas, la cantidad de fallos que se vayan encontrando,... . Corregir tu novela puede oscilar entre unos 300 o 400 euros hasta cerca de los dos mil. Y es que, además de mirar con lupa hasta la última tilde, estos correctores pueden observar y analizar nuestra estructura, la profundidad de nuestros personajes, la ambientación de la trama o la riqueza de nuestro léxico, entre otras.

 Bien es cierto que el papel de estos servicios es denostado por muchos autores ya que nadie le gusta que le encuentren los agujeros de su barco, pero yo soy de la opinión que defiende que más vale arreglar todo lo que puedas tu obra antes de enviarla a una editorial antes que te devuelvan en el buzón tu propuesta corregida en ignominioso color rojo (y eso en el mejor de los casos). Desde mi experiencia, corregir tu novela en un servicio profesional hace que la calidad literaria de tu novela crezca, con lo que el único beneficiado eres tu. Además, siempre podrás recurrir a pedir presupuestos sin compromiso. Así que no lo dudes, prueba este tipo de servicios antes de lanzar a tu pequeña al océano editorial con los tiburones. Un saludo y ¡a escribir!.